Para cursar la educación secundaria, mis padres me llevaron a un internado en Guadalajara, siempre con beca. Hice COU en un instituto y, posteriormente, accedí a la Universidad de Alcalá, donde estudié la Licenciatura en Economía en la Facultad de Económicas entre 1987 y 1992. Al año siguiente obtuve una plaza de ayudante en competencia con varios aspirantes. Yo había sido siempre un estudiante reservado, muy callado en clase; de hecho, recuerdo que el catedrático, José Miguel Casas, me quiso entrevistar porque no me conocía de nada y le había sorprendido mi expediente.
Y así, en octubre de 1993, comenzó mi trayectoria como profesor en la Universidad de Alcalá, en la recién creada Escuela de Estudios Empresariales de Guadalajara y en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Recuerdo aquella etapa como una de las más felices de mi vida. Era por fin profesor y además en la universidad que me había formado. La admiración que sentía por quienes habían sido mis profesores y pasaban a ser ahora compañeros me generó un fuerte sentido de responsabilidad, de tratar de estar a su altura, sentimiento que me ha acompañado siempre.
Mi actividad investigadora se inició también en aquellos años, centrada en la Economía del Bienestar, la desigualdad y la pobreza, una línea que ha guiado toda mi carrera. En los últimos tiempos, he trabajado especialmente sobre la pobreza extrema y colectivos vulnerables, como las personas sin hogar o la precariedad laboral. He tenido la oportunidad de dirigir proyectos y de colaborar con doctorandos y colegas, tratando de aportar conocimiento científico en el diseño de políticas sociales. Tengo tres sexenios de investigación (en 2027 pediré el cuarto) y uno de transferencia. Entre otras distinciones, he recibido el Premio de Investigación en Ciencias Sociales de Castilla-La Mancha, soy Académico de número de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla La Mancha, Medalla de plata de la Universidad de Alcalá, …
A los dos años de llegar a la UAH, me nombraron Secretario de la Escuela de Estudios Empresariales, iniciando así una etapa de gestión que ya no abandoné, intentando no descuidar mi labor docente e investigadora. Más adelante fui Director del Campus de Guadalajara, después Vicerrector de Docencia y Estudiantes durante la implantación de Bolonia y, posteriormente, Vicerrector de Estudiantes y Deportes. Sin lugar a duda, de esta etapa me llevo el reconocimiento que me otorgaron los estudiantes como “Estudiante perpetuo”, en un acto cercano y entrañable en el Paraninfo.
También tengo experiencia en la Administración Central, en la Subdirección de Previsiones Macroeconómicas, en un puesto técnico donde volví a disfrutar del análisis económico. Guardo especial recuerdo y gratitud por tener la posibilidad de representar a España en la OCDE en los trabajos sobre nuevas políticas para superar la crisis de 2008. En aquel proceso, en la sede de París, participé en reuniones y seminarios con algunos de los principales expertos mundiales en desigualdad y pobreza, como Piketty y Atkinson. Allí inicié mis estudios sobre una de las secuelas más profundas de la crisis, la precariedad laboral, proponiendo indicadores para medirla.
Tras dos años, regresé a mi casa, la UAH, como Vicerrector del Campus de Guadalajara, iniciando una etapa en la que, gracias al trabajo en equipo y la colaboración leal con las instituciones, logramos duplicar la nominativa recibida y obtener 54 millones de euros para la construcción del nuevo Campus, hoy en una fase muy avanzada.
Mi relación con las empresas también ha sido cercana, consciente de su papel como empleadoras de nuestros estudiantes y generadoras de valor social y económico. Además de firmar numerosos convenios de colaboración con empresas del corredor del Henares, recientemente hemos creado un aula de formación con CEOE-CEPYME Guadalajara, con empresas de referencia del territorio, un espacio fundamental para seguir consolidando nuestra presencia en Guadalajara y nuestra expansión hacia Torrejón de Ardoz.
A lo largo de mi vida académica, preparar mis clases ha sido siempre lo más importante; también mi actividad investigadora que me ha hecho ser mejor profesor. Transmitir conocimientos, estimular el pensamiento crítico, conectar y aprender de mis estudiantes siempre ha sido mi verdadera pasión. Mi relación con ellos es lo que más valoro y a lo que me entrego en cada clase, por eso me hizo especial alegría obtener la mención de excelente en mi última evaluación del DOCENTIA, gracias, en gran parte, a sus valoraciones en las encuestas.
No me gustaría aburrir con esta reseña; son solo retales de mi vida, “fotos a contraluz”, como diría El Último de la Fila en su tema Insurrección.
Antes de terminar esta presentación, quiero expresar mi agradecimiento a la educación pública, que me ha permitido llegar hasta aquí, siempre con mi esfuerzo. Por eso soy un firme convencido y defensor de la universidad pública, porque garantiza la igualdad de oportunidades, porque es un ascensor social que debemos cuidar entre todas y todos. Desde fuera, exigiendo la financiación necesaria; desde dentro, usando con responsabilidad los recursos públicos y aportando valor social con nuestro trabajo diario.